
¿Un buen café a la italiana?
En estas páginas hemos explorado las mejores cocinas étnicas de nuestro entorno, los imprescindibles helados artesanales de la zona y, por supuesto, el arte gastronómico del restaurante «Terrazza Borromini» de nuestra galería de arte. ¿Podía faltar la bebida que Italia, patria del espresso desde finales del siglo XIX, ha convertido en un estilo de vida? La primera «Bottega del Caffè» abre en Venecia en 1645. El mismo año en que, en Roma, Borromini trabaja en la escalera helicoidal del Palacio de España, en la plaza homónima, y Bernini empieza a esculpir «El éxtasis de santa Teresa»: en Piazza Navona, la iglesia de Sant’Agnese in Agone, el Collegio Innocenziano en el que nos encontramos y la Fuente de los Cuatro Ríos aún están por construir…
Así pues, cafés fantásticos y dónde encontrarlos. A dos pasos de Eitch Borromini y de Eitch Belsiana, es decir, entre la Plaza de España y Piazza Navona. Cultura, sabor, sostenibilidad e incluso —como veremos— arte, en cuatro lugares muy especiales y muy queridos.
Antico Caffè Greco
Imagina salir de tu habitación en Eitch Belsiana, cerca de la Plaza de España, y dirigirte a la Via Condotti. Aquí encontrarás el café más antiguo de Roma y el segundo de Italia después del Florian de Venecia, nacido en 1760 y que debe su nombre a los orígenes de su fundador. Un referente también para el mundo del arte, porque, además del buen café, sus salas albergan más de trescientas obras. Más de dos siglos y medio en pinturas, esculturas, medallones, cartas, manuscritos y recuerdos, que hacen de este lugar una de las mayores galerías privadas abiertas al público.
La mezcla histórica es equilibrada y, sobre todo, siempre auténtica. Se cuenta que, durante el bloqueo continental napoleónico de 1806, para mantener estable el precio, los cafeteros romanos mezclaban harinas de garbanzo, soja o castaña: en el Caffè Greco el precio subió y la taza se hizo más pequeña, pero se siguió usando solo café molido.
Caffè Museo Atelier «Canova Tadolini»
En la Via del Babuino, en cambio, se encuentra el antiguo estudio del inmenso escultor Antonio Canova, que en 1818 lo dejó a su alumno predilecto, Adamo Tadolini. Como anuncia su nombre, el local guarda la memoria de dos siglos de escultura italiana, pero también los modelos de obras realizadas y conservadas en Italia o en el extranjero, los bocetos y las herramientas del oficio. Obras de Canova y de nada menos que cuatro generaciones de escultores Tadolini, recuperadas a finales de los años 90 por una galería de antigüedades que se encargó también de la restauración del lugar.
Un café-restaurante donde se respira arte, en medio de una colección de unas quinientas piezas. Y esta vez no importa la mezcla: el café que se saborea aquí tiene decididamente otro sabor…
Caffè Tazza d’Oro
Y ahora vayamos hacia Eitch Borromini, en dirección a Piazza Navona.
Nacida en 1944 como tostadero, la «Casa del café» junto al Panteón es el lugar del espresso italiano más famoso del mundo. Un aroma que se percibe en cuanto uno se acerca y un sabor verdaderamente único, que los romanos aman desde hace ya ochenta años.
Cada grano de café se tuesta en el tostadero de la empresa, para tomar después el camino de la barra o del paquete para llevar a casa. Mezclas «Regine» obtenidas gracias a la colaboración con productores de Centroamérica y Sudamérica, tan apreciadas que se solicitan no solo en Europa, América y Australia, sino también en el Sudeste Asiático. Tanto es así que la empresa ha logrado abrir una nueva planta, «para un café 100% sincero».
Caffè Sant’Eustachio
Al otro lado de la plaza, en cambio, detrás del Panteón, hay otra experiencia que vivir al menos una vez: el café y, sobre todo, el «Gran Caffè» de Sant’Eustachio. Un lugar nacido en 1938 que, hoy como entonces, tuesta el café con leña.
El café procede de la República Dominicana, Guatemala, Etiopía, Brasil, las Galápagos y la isla de Santa Elena. Una delicia con menos del dos por ciento de cafeína e incluso solidaria, ya que la empresa cuida tanto del café como de las familias que viven de su producción. Una maravilla que también se puede llevar a casa, en una maleta que al abrirse tendrá un aroma completamente distinto.
Están los fans del Tazza d’Oro y los del Sant’Eustachio, como están los «hinchas» de Borromini y los de Bernini. Sea cual sea tu elección, bienvenido a Eitch, que también te espera en la Via Belsiana con, en las habitaciones, las cafeteras «Bialetti», la marca histórica de la moka. Inventada en 1933 y, desde entonces, icono del estilo italiano.
