
Sabores del mar, de Roma y de Italia
La terraza de Eitch ofrece, en realidad, tres panoramas: el primero, sobre el centro de Roma, de la cúpula del Panteón a la de San Pedro; el segundo, sobre el Barroco italiano, empezando por las obras maestras de Borromini y Bernini; el tercero, sobre la gastronomía. En este caso, siciliana y romana. Y con un «doble lujo»: el de saborear el arte del chef en los espacios de una magnífica obra arquitectónica del siglo XVII y el de hacerlo a precios más que razonables.
En nuestro Restaurante «Terrazza Borromini», junto a la Galería de Arte del Palacio, el chef Francesco Grasso propone un encuentro entre las especialidades sicilianas (su tierra de origen), romanas e italianas. Con, por ejemplo, una selección de los mejores embutidos y quesos nacionales, algún importante homenaje a los sabores toscanos —sobre todo en las carnes— y una fuerte presencia romana en los platos de pasta, mientras que el pescado, el marisco, los crustáceos, algunas guarniciones y los principales postres evocan los sabores de su tierra. Por supuesto, con el máximo cuidado por la estacionalidad y la calidad de los ingredientes y, por tanto, con una carta que se renueva continuamente.
Como las luces y los colores de la Ciudad Eterna. Porque comer en nuestro Restaurante, engastado entre la cúpula y el campanario de Sant’Agnese in Agone, significa hacerlo desde un palacio obra de Borromini, enriquecido con los frescos de Bernini, con la mirada puesta en la Piazza Navona, en la cúpula de Sant’Ivo alla Sapienza y más allá. Más allá de la rivalidad entre ambos, de la que te hemos hablado en estas páginas, sobre una Belleza distinta en cada estación y en cada momento del día. (Y, hablando de momentos: de abril a octubre, el servicio se extiende al Roof Top para aperitivos y sobremesas, con una extensa carta de vinos y una amplia propuesta de cócteles.)
Con su herencia griega, árabe y normanda, y sus ingredientes de origen local o lejanísimo, la cocina siciliana es un verdadero viaje entre culturas. Rica, variada y decididamente única, hasta el punto de que algunas de sus especialidades solo se encuentran en la isla, e incluso solo en algunas de sus ciudades. La romana, en cambio, sencilla e incluso humilde, aunque golosa, ha permanecido siempre ligada al mundo agropastoral de dentro y de los alrededores de la ciudad. Enriqueciéndose, sin embargo, ya desde los tiempos del Imperio, con la tradición judía y algunos de sus platos rituales, como la «alcachofa a la judía», preparada con motivo del Yom Kipur. Por último, la toscana —nacida de la herencia etrusca y de la fantasía de los Médici— hunde sus raíces en el trabajo del hombre (empezando por el aceite), en el campo y en el bosque, de sus frutos a la caza.
Entre el Restaurante y el Roof, dispuestos a recibir también a clientes no alojados, una experiencia verdaderamente inolvidable. Incluido el sonido del campanario vecino, cada día a las 12. Incluidas las luces de la noche, que convierten cada bocado o sorbo en un momento de cuento.
