
¿Listo para un Gelato Tour?
«Gelato», no «ice cream»: una diferencia de proporciones y de ingredientes, que significa menos nata, más leche y nada de yemas de huevo. Y que se afirma en Italia en 1565, en la corte de Catalina de Médici, de la mano de un arquitecto —Bernardo Buontalenti— que combina nieve, sal (para bajar la temperatura), limones, azúcar, clara de huevo y leche. Hoy su capital es Roma, que cuenta con unas 1500 heladerías. Con una particularidad: por tradición, la nata es gratis.
Vamos, pues, a descubrir algunas de las heladerías a las que se puede llegar también a pie, perfectas para una pausa entre dos visitas a las muchas obras que rodean Eitch Borromini. Con tres pequeñas pistas generales: los colores del helado (que, si son demasiado vivos, podrían indicar menos «naturalidad» y más química), la cola o la multitud (señal segura de calidad) y el obrador a la vista, que te dice que estás en buenas manos.
Las siete imprescindibles
Al salir de tu alojamiento en Eitch y yendo de la Piazza Navona a la Piazza di Sant’Eustachio, detrás del Panteón, encontrarás «Günther Gelato Italiano», del maestro del Alto Adigio, con sus inéditas combinaciones de sabores. Sabiendo que, en la misma plaza, podrás tanto probar un café muy particular (pídelo en su versión «con la crema») como alzar la mirada y admirar la blanca cúpula en espiral de Sant’Ivo alla Sapienza, obra de Borromini.
Desde allí, cruzando en diagonal la plaza del Panteón, hay dos heladerías que no te puedes perder: frente a «Tazza d’Oro» (un segundo café, para probar en versión espresso) está «Venchi», renombrada y refinada marca piamontesa de chocolate, que ofrece también un excelente helado. Al final de la callejuela paralela a esta, girando a la derecha en dirección a Montecitorio, una de las heladerías históricas y más famosas de Roma —«Giolitti», desde 1900—, con salón interior y mesas al aire libre: qué decir de los frutos del bosque, o del helado de nueces… Yendo más allá, hacia la Piazza del Popolo, en Via di Ripetta está la «Gelateria dei Gracchi», centrada en la estacionalidad de los ingredientes. Y volviendo por la Via del Corso, cerca de la Fontana de Trevi, está «San Crispino», una de las pioneras del helado natural en Roma, muy apreciada por la originalidad de sus sabores y combinaciones. Con una particularidad: parte de la fruta se elabora con la piel, con un resultado maravillosamente sorprendente. Al otro lado de Eitch Borromini, entre la Piazza Navona y el Castel Sant’Angelo, en Via dei Coronari está la «Gelateria del Teatro», con su obrador visible desde la calle: las combinaciones son espléndidas y la oferta, realmente amplia. Yendo en cambio hacia el Trastevere, en Via di San Cosimato, encontrarás una de las heladerías más premiadas: «Otaleg», que propone creaciones originales como la vainilla Bourbon con jengibre o el gorgonzola con chocolate y nueces.
En la Piazza Navona y alrededores
No son pocas las heladerías a poquísimos pasos de Eitch.
Entre ellas, «Cremì» —que ofrece helados artesanales y sorbetes de fruta, pero también crêpes, gofres y batidos— y «3 Fontane», una cita ya tradicional para quien quiera un «helado con vistas» a la monumental plaza. Muy cerca, en cambio, encontrarás «Quinto», heladería de nombre romano pero «de sabor sardo» desde 1915, no por casualidad una de las más concurridas. Sin olvidar «Mastro Cono», otro punto de referencia para los romanos, «Frigidarium» (conocido por su variedad de sabores antiguos y modernos) y «La Romana», heladería y pastelería desde 1947, muy atenta a la autenticidad de los ingredientes.
Ya se trate de paladares y gustos clásicos o modernos, no hay más que elegir. Como con los sabores que proponemos en nuestro Restaurante, en creativo homenaje a las tradiciones del mar, de Roma y del interior. Como con la arquitectura barroca, empezando por el palacio histórico que nos acoge y por la iglesia de Sant’Agnese, justo al lado, ambos firmados por Borromini, y por las obras de su legendario rival, Bernini, desde los frescos presentes en Eitch hasta la Fuente de los Cuatro Ríos de la Piazza Navona. Como con las colecciones de arte a dos pasos de nuestra residencia, de las que te hemos hablado en estas páginas.
Un helado distinto, el que se saborea contemplando la Historia, ¿verdad?
