
Las tres fuentes: una mirada inédita
En Eitch Borromini las habitaciones tienen nombre. Ligados a su ubicación o a sus respectivas (y espectaculares) vistas, a la familia Pamphilj, que hizo monumental la Piazza Navona, y, por supuesto, a los dos genios rivales –Borromini y Bernini–, protagonistas de una obra única en el mundo. De la cual vamos a descubrir ahora las Tres Fuentes, tres obras que desde hace siglos hacen mágico este lugar y que solo nuestros huéspedes pueden admirar desde una perspectiva privilegiada: desde las ventanas de algunas habitaciones, desde el restaurante de nuestra Galería de Arte –Terrazza Borromini– y desde la «Grande Bellezza», como se ha bautizado nuestro rooftop.
La Fuente del Moro
Diseñada por Bernini, la fuente fue realizada por otro arquitecto y escultor: Giacomo Della Porta, discípulo de Miguel Ángel. Quien, tras la muerte del Maestro, completaría la cúpula de la Basílica de San Pedro, mejorándola gracias al modelo de Brunelleschi para el Duomo de Florencia.
El primer diseño, de 1574, prevé cuatro tritones, ya esculpidos pero no utilizados para la Piazza del Popolo, que hoy se encuentran en la fuente del lago de Villa Borghese. En 1651 el papa Inocencio X pide a Bernini que cambie el proyecto, pero rechaza su propuesta, una gran concha con tres delfines, que acaba trasladada a una villa del Gianicolo. Así se aprueba una tercera versión, con un pequeño problema: según la leyenda, para el rostro del «Moro» Bernini se habría inspirado en la cercanísima estatua parlante de Pasquino. Es decir, en la voz crítica del pueblo romano frente a la actuación de la Iglesia. Una «travesura» nada desdeñable que, por fortuna, no frenará la carrera del gran arquitecto y escultor.
La Fuente de Neptuno
Pese a ser la primera de la plaza en encargarse, pese al trabajo de Della Porta y pese a la posterior intervención de Bernini, esta fuente tendrá que esperar tres siglos para completarse: la Fuente del Moro –situada justo delante de las ventanas del Palazzo Pamphilj, residencia de la familia– y la central Fuente de los Cuatro Ríos reciben mucha más atención.
La idea inicial es construir un abrevadero, para el que Della Porta elige el mismo mármol rosa antiguo empleado en las jambas de la Puerta Santa de San Pedro. Más adelante, el abrevadero se sustituye por una pila más grande, para la que Bernini se inspira en la Fuente del Moro. La intención de ambos es la simetría estilística –dos fuentes «gemelas» a los lados de la plaza–, pero esta armonía no se cumplirá hasta 1873. Gracias al Neptuno que lucha con el pulpo (obra de Antonio Della Bitta) y gracias a las Nereidas, los putti, los caballitos de mar y los delfines creados por Gregorio Zappalà.
La Fuente de los Cuatro Ríos
Iniciada en 1648 y concluida tres años después bajo la dirección de Bernini, la fuente exige muchísimo dinero. Y como el papa Inocencio X, miembro de la familia Pamphilj, introduce con este fin un impuesto sobre el pan y reduce al mismo tiempo su peso estándar, lo que crecerá será el odio del pueblo romano hacia Donna Olimpia, la ya poco querida cuñada del Pontífice, que está financiando la obra.
Para añadir el obelisco de dieciséis metros, Bernini recurre a una innovación ya probada en la Fuente del Tritón de Piazza Barberini: apoyar el objeto central sobre una estructura hueca, sostenida solo por las «aristas» del material que la rodea. Porque el gran escultor, y también pintor, es además un arquitecto genial, dispuesto a desafiar los cánones de su época.
Por último, los gigantes de mármol blanco, que representan los Ríos de los cuatro Continentes entonces conocidos. El Danubio señala el escudo de los Pamphilj, es decir, de la familia que en ese momento da un Pontífice y está convirtiendo la Piazza Navona en una obra de arte. El Nilo tiene el rostro cubierto a causa de su nacimiento, que siguió siendo desconocido hasta finales del siglo XIX. El Ganges sostiene un largo remo, que sugiere su navegabilidad. Mientras que el Río de la Plata, con un saco rebosante de monedas, parece temer el derrumbe de la iglesia borrominiana de enfrente: una leyenda urbana sobre una rivalidad legendaria, ya contada en estas páginas.
Las habitaciones, Terrazza Borromini y la «Grande Bellezza» de Eitch solo te esperan a ti. Para una experiencia única desde una perspectiva única.
