
Las mejores vistas de Roma
Ya se trate de visitas fugaces o de estancias, de reuniones de trabajo o de citas románticas, de inspiraciones de artista o de escenas de una película, una de las cosas que no hay que perderse en Roma… es Roma. Con sus cúpulas, sus monumentos y sus terrazas. Sobre todo al atardecer. Siluetas inconfundibles bajo una luz excepcional, que regalan una emoción que ninguna fotografía podrá sustituir jamás.
¿Adónde ir para vivir plenamente esta emoción? Descubrámoslo, empezando precisamente por Eitch.
Nuestro Rooftop
Nuestros clientes y los guías turísticos lo llaman «La Grande Bellezza», en referencia a la famosísima y premiadísima película de Paolo Sorrentino. Y realmente lo es. Ya desde el Restaurante «Terrazza Borromini», justo debajo, junto a la Galería de Arte, y desde algunas de nuestras habitaciones, los huéspedes pueden admirar Piazza Navona desde otra perspectiva. Pero la última planta, engastada entre el campanario y la cúpula de la iglesia de Sant’Agnese in Agone, permite abarcar con la mirada toda la Ciudad Eterna, del Panteón a San Pedro y más allá.
Una vista única que, a partir de las 6:30 de la tarde, acompaña muy bien un aperitivo o una copa después de cenar. Mejor si reservas: lo decimos con humildad, pero también con orgullo, la voz sobre «La Grande Bellezza» se ha corrido…
Los cinco imprescindibles
Se puede, sin duda, subir a lo alto del Altare della Patria, en la cercana Piazza Venezia, o recorrer la escalera de caracol de la igualmente cercana Cúpula de San Pedro, desde donde contemplar toda la ciudad caminando despacio por un diminuto balcón circular. Pero algunas perspectivas son especiales. En el corazón de los romanos.
La primera es sin duda el Gianicolo, convertido con el tiempo en un memorial del Risorgimento. Con un paseo arbolado que lleva a uno de los panoramas más sugerentes de todos y un cañonazo de salva todos los días a mediodía, que desde 1846 marca «la hora» de las campanas de todas las iglesias.
Al otro lado del Tíber, en el Aventino, está el Giardino degli Aranci, uno de los lugares más bellos de Roma, aunque menos conocido, y un segundo panorama al que llegar a tiempo para el atardecer. (Terminada la visita, a pocos pasos del Jardín hay un famosísimo portón con una cerradura muy especial: encuéntralo y mira por ella, porque lo que se ve desde allí… es la «postal» más sorprendente de la Basílica de San Pedro.)
El tercer lugar —en el punto más alto de Roma, en la cima del Monte Mario— es para los más románticos: la terraza del histórico restaurante «Lo Zodiaco», conocida también como el «paseo de los enamorados». Un panorama increíble del centro histórico a los Castelli Romani, testigo durante unos setenta años de historias de amor, pedidas de mano y regresos junto a hijos y nietos. Por desgracia, el restaurante ya no existe, pero el «bel vedere» merece el intento de llegar a uno de los lugares más queridos por los romanos.
Cerca de Piazza Venezia, en cambio, el Campidoglio regala nada menos que tres perspectivas. Las dos primeras, a derecha e izquierda del Palazzo Senatorio, se asoman a los Foros, es decir, a los templos, las plazas, las columnas y los arcos de la antigua Roma. Pero es la terraza de la Cafetería de los Museos Capitolinos, poco conocida y accesible incluso sin visitar las exposiciones, el verdadero panorama que quita el aliento.
Y cómo renunciar a la terraza del Pincio, inmersa en el parque de Villa Borghese, y a su maravillosa vista sobre la Piazza del Popolo y más allá…
Formas inconfundibles bajo la luz. En la ciudad de las Siete Colinas, de las terrazas y de los rooftops.
«La Grande Bellezza», precisamente.
