
La Roma oscura, entre escalofríos y arte
En mayo hablamos de la «Roma secreta» en torno a Eitch Borromini y Eitch Belsiana y de algunos de los lugares que las guías turísticas menos cuentan. Ahora vamos a descubrir la parte aún más desconocida de la Ciudad Eterna, quizá porque podría servir de escenario a una novela gótica.
Así que, para los amantes de los escalofríos convertidos en Arte, aquí tienes las tres visitas que no te puedes perder.
Las criptas «especiales»
Dos de las cinco de toda Italia están en Roma.
La primera, a pocos minutos de Eitch Borromini, se encuentra en la iglesia de Santa Maria dell'Orazione e Morte. La erigió la archicofradía homónima, que se había impuesto como misión recuperar y cuidar a los difuntos pobres o anónimos abandonados, sin nadie que les garantizara una oración y una sepultura digna. Pues bien, en la cripta subterránea, que antes formaba parte del cementerio y donde en unos 340 años se enterraron más de 8 mil cuerpos, hoy hay un espacio en el que todas las decoraciones —esculturas y lámparas incluidas— están hechas de huesos y esqueletos. Un lugar que en cierto modo anuncian la fachada, decorada con símbolos del último viaje, un esqueleto con la inscripción «Hodie mihi, cras tibi» («Hoy a mí, mañana a ti») y la representación de la Muerte alada con un reloj de arena. En el interior de la iglesia, en cambio, hay varias obras de valor —desde los frescos arrancados de Giovanni Lanfranco hasta la copia del San Miguel Arcángel de Guido Reni— que te recomendamos ver. La segunda, más cerca de Eitch Belsiana, es la Cripta de los Capuchinos. Está en Via Veneto, la famosa calle de la «dolce vita» romana, y alberga los huesos de unos 4 mil frailes sepultados aquí entre 1528 y 1870. En la entrada, las palabras «Lo que vosotros sois, nosotros lo éramos; lo que nosotros somos, vosotros lo seréis». Dentro, cinco capillas («de las tibias», «de las calaveras», «de las pelvis», «de los tres esqueletos» y «de la Resurrección»), todas tan sorprendentes que casi hacen desaparecer el miedo que nos une a todos. Hechas de huesos que se convierten en balanzas, relojes de arena, decoraciones del techo o mariposas, estas últimas símbolo universal de metamorfosis y transfiguración. Quién realizó todo esto sigue siendo un misterio: lo que sí podemos decirte es que, superado el primer impacto, en lugar de lo lúgubre o lo macabro que esperas podrías encontrar sentido e incluso belleza. Y si, al final de este viaje tan poco convencional, quieres admirar varias obras de arte —una de ellas atribuida recientemente a Caravaggio—, bastará con entrar en la iglesia barroca que se alza encima. Algo eclipsada por la fama de la cripta, pero sin duda digna de verse.
El Museo de las Almas del Purgatorio
A pocos minutos en metro de Eitch Belsiana o, a cambio de un buen paseo desde Eitch Borromini, un poco más allá de Castel Sant'Angelo, hay otro lugar que ya con su nombre provoca algún escalofrío, aunque distinto. Se encuentra en la sacristía de una iglesia neogótica («el pequeño Duomo de Milán»), nacida para el sufragio de las almas, y contiene diversos objetos que probarían la existencia del Purgatorio. Una colección concebida e iniciada por un misionero francés, testigo ocular de un incendio en 1897 durante el cual el cuadro del altar se salvó milagrosamente, pero entre las llamas apareció un rostro sufriente, que después quedó misteriosamente impreso en la pared. Y que, a medida que aumentaban las oraciones en su favor, parecía volverse más sereno.
La colección reúne fotografías, objetos y documentos recogidos entre los siglos XVIII y XIX no solo en Italia, sino también en Francia, Bélgica y Alemania. Algunos de ellos famosos, de personajes históricos y de sucesos que quedaron sin explicación. Casi recuerdan las palabras de Hamlet, en Shakespeare, sobre las «más cosas en el cielo y en la tierra de las que puede soñar» la filosofía humana.
Un recorrido insólito, pero de un encanto único. Que, estamos seguros, sentirás.
