
La basílica de Sant'Andrea della Valle, una de las maravillas de Roma
Uno de los lugares más queridos por los católicos se encuentra en la piazza Vidoni, en pleno corazón de la Ciudad Eterna. Hablamos de la basílica de Sant'Andrea della Valle, situada en el rione Sant'Eustachio, a muy pocos pasos de la entrada de nuestro Eitch Borromini. Es una basílica menor, a cargo de la orden de los Clérigos Regulares Teatinos.
La basílica desde el punto de vista histórico
Una maravillosa basílica en cuya construcción intervinieron tres artistas importantes: Francesco Grimaldi, Giacomo Della Porta y Carlo Maderno. Era el periodo comprendido entre finales del 1500 y mediados del siglo siguiente. Antes de esta enorme basílica había una pequeña y sencilla iglesia erigida en honor a San Sebastiano de Via Papa. Según los testimonios que han llegado hasta nuestros días, en este mismo lugar fue sepultado el mártir.
Las obras de la basílica fueron posibles también gracias a una cuantiosa inversión del cardenal Alessandro Peretti di Montalto, sobrino del papa Sixto V. El nombre de la basílica lo completa el cercano palacio Della Valle.
El encargo de terminar las obras se confió a Carlo Maderno, que amplió el transepto y, al mismo tiempo, aumentó la altura de la cúpula. La fachada barroca, en cambio, lleva la firma de Carlo Rainaldi, que la realizó entre 1655 y 1663. En ella destacan notables claroscuros, estrechamente ligados a la inserción de numerosas columnas y cornisas. En el lado derecho se encuentra el maravilloso campanario de espadaña, de ladrillo.
Resulta interesante señalar también que, poco menos de tres siglos después, concretamente el 28 de abril de 1918, fue ordenado sacerdote precisamente en esta basílica el franciscano Maximiliano Kolbe, que más tarde murió mártir y fue proclamado santo. A pesar del periodo que estamos atravesando a causa de la pandemia, que está poniendo a dura prueba también a Roma, es posible visitar la basílica de Sant'Andrea della Valle y muchas otras maravillas arquitectónicas e históricas de la Ciudad Eterna con mucha más tranquilidad, sobre todo por la ausencia de grandes flujos de turistas. Poder elegir con más calma dónde alojarte debería hacerte valorar el privilegio de dormir en un lugar como Eitch Borromini, en pleno centro de la ciudad, base ideal para visitar con comodidad los lugares más célebres de la capital.
