
Emociones en el Claustro
En estas páginas hemos hablado del borrominiano conjunto Pamphilj, formado por el Palazzo, la iglesia de Sant’Agnese in Agone y el Collegio Innocenziano, en cuyos espacios se encuentra Eitch Borromini. Y hemos hablado de las tres fuentes de Piazza Navona, que vieron en acción el genio de Bernini. Ahora nos trasladamos a otro lugar especial, a un minuto de tu habitación en Eitch: el Claustro de Bramante. Más pequeño, pero igual de inmenso: un lugar donde detenerse y demorarse.
El Claustro
Hablamos de una obra proyectada por Donato Bramante: uno de los máximos exponentes del Renacimiento, arquitecto predilecto del papa Julio II, amigo de Leonardo da Vinci, con quien trabaja en Milán, y gran rival de Miguel Ángel. Una rivalidad que, años después, se cruzará con la de Borromini y Bernini en las obras de la Basílica de San Pedro, proyectada por Bramante y continuada por Miguel Ángel, donde los dos descubrirán sus profundas diferencias de carácter y de visión. Sin olvidar a Rafael, llamado también para el proyecto de la basílica. Y que en 1515, para la iglesia de Santa Maria della Pace, junto al Claustro de Bramante, pinta el extraordinario fresco «Las Sibilas», visible también desde la primera planta de esta joya renacentista.
Un lugar especial ya por su arquitectura, que —dos siglos antes de las revolucionarias curvas del Barroco— marca quizá la página más importante de la historia del arte: la conquista de la perspectiva. Hasta el punto de que la misma forma creada para Santa Maria della Pace y para un famosísimo templete en el Janículo, considerado el lugar de la crucifixión de san Pedro, inspirará la cúpula de la basílica vaticana, la de la catedral de San Pablo de Londres y la del Capitolio de Washington D.C. Sin olvidar el mausoleo del castillo Howard, en Yorkshire, el Panteón de París y la catedral de la Virgen de Kazán en San Petersburgo.
Inicialmente lugar de oración y de vida monástica, el Claustro se convierte en espacio expositivo en 1996: un verdadero referente para el mundo del arte, también internacional, con un calendario de exposiciones y eventos siempre del más alto nivel. Donde el tiempo se ralentiza y respira, entre los espacios y las obras del pasado, del presente y de la imaginación.
Las emociones
Asombrarse, conmoverse, desear… Como en Eitch, nada demasiado programado: solo un lugar donde, lejos de la rutina de cada día, descubrirse y ser uno mismo. Abierta hasta el uno de abril, la exposición actual es un recorrido por veinte emociones. Que van desde contemplar una seta de tres metros de altura, con la curiosidad de Alicia en el País de las Maravillas, hasta caminar sobre el océano o moverse entre catedrales, auroras boreales y bosques encantados. Visiones, sonidos y colores que toman algunas historias contemporáneas para transformarlas en experiencias. En la era de la velocidad, un viaje decididamente lento que nos invita a tomarnos nuestro tiempo.
Todo ello en un espacio que se vive con la misma calma. Entre la materia y las geometrías del Claustro, la luz del patio, los frescos o las sillas de los monjes, que hoy son un rincón de lectura o de conversación. Un lugar marcado por grandes hombres y grandes historias: desde la fachada que «se proyecta hacia delante» hasta los viejos escalones de la salida, pasando por las salas de exposiciones y el «café entre las columnas».
Bramante y Rafael junto a Borromini y Bernini: una inmersión en la historia y en la belleza, como en Eitch, a dos pasos de Eitch.
