El encanto de las calles de Roma

En estas semanas se respira un ambiente «surrealista» en las calles de Roma. Plazas, calles y callejones normalmente llenos de turistas están completamente vacíos. Se trata de un hecho extraordinario debido a la emergencia de la COVID-19. Impresiona ver en fotos los lugares emblemáticos de Roma, como la Piazza Navona, sin gente que pasee, que haga fotos y que admire sus bellezas arquitectónicas e históricas.

Contemplando la Piazza Navona desde la terraza o desde las ventanas de las habitaciones de Eitch Borromini, notamos con placer que conserva su encanto de siempre, ese encanto especial que nos atrae como un imán.
Antes de esta emergencia, la plaza estaba animada cada día por numerosos artistas que, con su arte, logran captar en pocos minutos las expresiones y los rasgos de quienes se dejan retratar. La animaban quienes se sentaban en los bancos para disfrutar de cada rincón de este espacio y de los palacios que lo rodean.
La animaban quienes admiraban, maravillados, la fuente de los Cuatro Ríos, con sus cuatro estatuas de mármol blanco de cinco metros de altura, coronada por el obelisco Agonal de granito de 16,54 metros, y la fuente del Moro, situada en el lado sur, bajo las ventanas del Palazzo Pamphilj.
La plaza conserva aún hoy la forma de la antigua estructura sobre la que nació: el Estadio de Domiciano, del año 86 d. C. El nombre de la plaza era originalmente «in Agone» (del latín in agonis, «juegos»), ya que el estadio se utilizaba única y exclusivamente para las competiciones atléticas.

Dejemos que la mirada vague a nuestro alrededor y adentrémonos también en las calles cercanas. Entre ellas está la via dei Coronari, la calle del arte y de los anticuarios. Con unos 500 metros de longitud, parte del vicolo del Curato y termina en la via di Sant’Agostino, en el barrio de Ponte.
La parte medieval de esta calle se conserva en los callejones, el aspecto renacentista se aprecia en los palacios y el barroco, en cambio, en los balcones y portones de algunos edificios, así como en las hornacinas sagradas. Qué bella es al atardecer o por la noche, con la luz tenue de las farolas y las placitas que se abren de repente y descubren fuentes, escalinatas y pequeñas ventanas.
Merecen descubrirse también las demás calles en torno a la Piazza Navona, como la via del Governo Vecchio, que une la piazza di Pasquino con la piazza dell’Orologio. Parece que en esta calle vivió Bramante, en el número 123. Hoy resulta especialmente interesante por los edificios y talleres de los siglos XV y XVI repartidos a lo largo del recorrido.
Una curiosidad es la que se considera la casa más pequeña de Roma, situada en el número 66, con una sola planta y una sola ventana coronada por una terraza. Caminando por la calle se ven portales rematados con frisos, patios con pórticos, ventanas adinteladas, decoraciones de lirios y cabezas de león y mucho más.
A lo largo de la calle también atrae la atención la casa del siglo XV del número 104, decorada con medallones con retratos de juristas, grafitos todavía visibles en la primera planta y mascarones en las ventanas.

¡Pronto volveremos a la Piazza Navona para visitarla y descubrir los numerosos tesoros que la rodean!

24/04/2020